Cuando encontré a Dios

 Photo by Nick Sheerbart

Photo by Nick Sheerbart

Todavía recuerdo a la perfección el día en que todo cambio para mi, cuando por fin encontré la respuesta que mi corazón tanto anhelaba.

Encontrar a Dios, saber mi origen y mi destino después de la muerte habían sido (y siguen siendo) las preguntas que más han impulsado mi búsqueda espiritual. No puedo recordar un solo momento de mi vida en que esta búsqueda no haya sido mi propósito, camino y vocación. 

Cuando era niña no sólo pensaba en juegos o en el niño que me gustaba, pasaba gran parte de mi tiempo pensando en el origen del Universo y en la existencia de Dios. Ya sé, algo no muy fácil de compartir con las personas de mi edad. Después de varios años, muchos pensamientos, libros y estudios llegué a mi límite emocional y espiritual. Empecé a tener una ansiedad espantosa, una angustia existencial fuera de serie. Simplemente no podía dejar de pensar en estos temas, en estas preguntas que me consumían. Donde quiera que yo estaba, aunque me la estuviera pasando muy bien, esa angustia, esa sed de Dios y de Verdad me perseguía. Recuerdo varias veces estar bailando en un bar pasando un tiempo increíble con mis amigos, en las que de pronto me tenía que sentar y escribir en servilletas los pensamientos que no me dejaban disfrutar, mis dudas, mis preguntas y también las respuestas que me llegaban sin previo aviso. Recuerdo que en el último año de prepa, estando en una fiesta en Cuernavaca, empecé a sentir tanta ansiedad por no haber encontrado lo que mi alma tanto anhelaba, que me tuve que encerrar en un cuarto, llorando, diciendo que tenía un muy fuerte dolor de cabeza. 

Si, mi búsqueda espiritual se volvió obsesiva. Externamente seguía siendo y viviendo una vida normal pero a nivel de alma vivía una batalla constante.

Pero todo cambió el 21 de marzo del 2000 cuando caí de rodillas en una pequeña habitación de mi casa, llorando, desesperada, enojada y harta. Silenciosamente me dirigí a Dios y enojada le grité “Si es verdad que existes necesito que me lo demuestres! Necesito encontrarte y que me des las respuestas a mis preguntas pues siento que me estoy volviendo loca! No quiero creer en ti por fe sino porque eres innegable! Por favor dame las respuestas o libérame de esta angustia, de esta carga de encontrarte y déjame vivir una vida normal! Ayudame porque ya no puedo más!!” 

No sé que fue exactamente lo que pasó pero mi mente quedó en silencio, mi conciencia se abrió y empecé a recibir las respuestas que tanto necesitaba y anhelaba. No escuchaba palabras más bien se me mostraban cosas que entendía perfectamente bien. Era como una serie de imágenes/sensaciones que iban entrando a mi ser con una fuerza y certeza indestructibles. Mis dudas se iban aclarando una a una, la luz de la Verdad que tanto había buscado bañaba cada rincón de mi ser como si fuera miel. Cuando abrí los ojos, con el corazón por fin en calma, me di cuenta que habían pasado 2 horas en el reloj. Hasta el día de hoy no puedo decir si me desmayé o si entré a un estado meditativo muy profundo, lo único que puedo decir es que esa experiencia cambió mi rumbo y mi manera de ver y experimentar la vida. Había encontrado a Dios.

Pero el Dios que encontré no sólo estaba fuera de mi, creando y organizándolo todo, sino que estaba dentro de mi y más aún…era mi verdadero ser. En ese momento comprendí y de alguna manera experimenté lo que conocemos como Big Bang pero no sólo como una explosión material sino como lo que realmente es, la expresión de la Unidad en múltiples formas. Me di cuenta que la mente es la que separa la realidad al diferenciar y nombrarlo todo, pero que si observamos a nuestro alrededor nos daremos cuenta que todo es una expresión, una modulación de lo mismo. Pensemos en el Océano por ejemplo. Sobre el océano vemos un ir y venir de olas de diferente tamaño, forma y fuerza. Y aunque nuestra mente las separa para estudiarlas, entenderlas y surfearlas, en realidad cada ola es simplemente una expresión distinta del océano. La ola como tal en realidad no existe, lo único que existe es el Océano teniendo una experiencia específica que la mente humana llama “ola”. También entendí que así como en la superficie del océano es donde existen las olas y su actividad, en el fondo del océano no hay separación ni diferencia, ni actividad ni sonido. En el fondo del océano todo es silencio pues todo es Uno mismo. Y es así como intento ver el mundo y todo lo que hay en él. Recordar que aunque en la superficie parecemos diferentes, en el fondo todos somos Uno.

Por supuesto que no vivo todo el tiempo en este estado y que hasta el día de hoy sigo teniendo dudas, preguntas y momentos de angustia existencial. Mi vida es normal, llena de todas las emocionesy experiencias imaginables. Tengo días buenos y días malos, río y lloro profundamente. Pero todos los días intento abrazar cada cosa que vivo sabiendo que simplemente es una energía diferente, una experiencia (aunque a veces no sea tan fácil), y recordar que en realidad no hay nada en el Universo que sea bueno o malo en sí mismo pues todo proviene de la misma Fuente.

Y así fue como supe que Dios está donde quiera que mire, que el Amor con mayúscula es ver esa Unidad detrás de todas las formas, que antes de nacer en este cuerpo y después de que muera seguiré Siendo, no Wendy-Ola, pero si el Océano-Uno, esa Unidad detrás de la diversidad que sólo puede comprenderse en el Silencio profundo del Ser.