La mitad que me faltaba...

Lo más constante en mi vida ha sido mi búsqueda espiritual. Encontrar a Dios, saber qué y quién soy en realidad, encontrar eso que trasciende el nacimiento y la muerte. Todo lo demás en mi vida ha cambiado, mi cuerpo, mis relaciones, los lugares donde vivo, los roles que juego, las personas con las que comparto.

Y aunque he encontrado las respuestas que buscaba siempre sentí que me faltaba algo, que ese “saber” no estaba completo. Puedo hablar por horas de estos temas que me apasionan, puedo poner en palabras muy sencillas conceptos muy abstractos pero fue hasta hace apenas unas semanas donde por fin comprendí que lo que me ha hecho falta es vivir mi espiritualidad, mi verdad, en el cuerpo. 

Con vivir en el cuerpo no me refiero a hacer cosas que solo me beneficien a nivel físico como comer más sano, hacer ejercicio o dormir mejor (aunque todo esto es parte y consecuencia de vivir conscientemente), sino vivir en “experiencia” y no sólo en la mente. Encarnar mi ser y no solo pensarlo. Vivir mi verdad y no solo creerla o hablarla. Manifestar en el mundo, hacer tangible, aquello que habita en el centro de mi corazón. Esto es lo que en inglés se llama “Embodiment” (una palabra que me encanta!!)

Al estar trabajando con lo Divino Femenino o Shakti, me di cuenta que siempre he puesto en una posición superior al entendimiento intelectual, a la Conciencia, a la quietud y a todas las disciplinas que me acercan más a la Unidad en estado puro. Pero dónde queda el mundo, las emociones, la naturaleza, la diversidad? Dónde queda el baile, la risa, el sexo, la pasión y la creatividad? Esa era la mitad que me faltaba! Por supuesto que disfruto la vida, pues no lo he abandonado todo para irme a meditar a una cueva en los Himalayas - aunque a veces se me antoje pasar unos días así ;-) - pero mi enfoque siempre estuvo en la mitad “masculina”, donde la trascendencia es lo que más importa pero ahora lo que quiero es enfocarme en la mitad “femenina”, integrar a la Diosa, la fuerza divina que se manifiesta y se vive en el mundo, la fuerza que crea y que conecta, y no solo que observa y trasciende. 

Después de más de 20 años de estudios, de aprendizajes, de descubrimientos y comprensiones, hoy quiero vivir una espiritualidad más real, completa y constante durante mi día y no solamente cuando hago yoga o medito. Quiero aplicar la Atención Plena (Mindfulness) en mis actividades cotidianas, crear y compartir mucho más, sentir lo Sagrado en cada respiración.  Quiero vivir la Unidad que soy - y que somos - con total consciencia, en mis risas y en mis lágrimas, en la luz y en la oscuridad. Borrar las fronteras de la dualidad dentro de mi para honrar y conectar con lo Divino mientras vivo plenamente mi humanidad.