Integrando lo Divino y lo humano

 Photo by Mark Daynes

En el camino de la realización hay dos rutas principales: la espiritual y la humana. Y aunque las dos son maravillosas en sí mismas el equilibrio y la plenitud solo se alcanzan cuando se integran las dos.

El camino espiritual trata de despertar y conectar con nuestro verdadero Ser, con la Divinidad tanto dentro como fuera de nosotros. A través de diversas prácticas empezamos a darnos cuenta de que no somos nuestro cuerpo, nuestros pensamientos o emociones sino la Fuente desde la cual todo el Universo surge y tiene su ser. Realizar esta Verdad no solo es la manera en que trascendemos las identificaciones que nos causan sufrimiento sino que podemos trascender el miedo a la muerte, abrir el corazón y aceptar que todo lo que ocurre es expresión de lo Divino, expresión que a veces nos causa felicidad y a veces tristeza pero que siempre puede verse como oportunidad para el crecimiento y portal para el Despertar.

El camino humano, por otra parte, trata de los diferentes aspectos a través de los cuales nos expresamos en el mundo, es decir, nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestra alma (emociones) y finalmente nuestro Espíritu que es la Conciencia Divina en nosotros. Cuando no nos damos el tiempo de conocer, alimentar, sanar e integrar cada uno de estos aspectos humanos vivimos con angustia y estrés, siempre divididos internamente, siempre ocultando lo que sentimos y somos en realidad. Trabajar con nuestro aspecto humano es lo que nos lleva a sanar nuestras heridas, a limpiar nuestra mirada interior a través de la cual percibimos e interpretamos la realidad. 

Desafortunadamente la mayoría de los seres humanos nos enfocamos más en un camino que en balancear los dos y esto ocasiona un vacío tan grande que nos hace siempre estar buscando algo allá afuera que nos haga felices. 

Cuando una persona se enfoca tanto en su camino espiritual que olvida su aspecto humano se le conoce como "bypass espiritual". Esto quiere decir que en lugar de enfrentar sus heridas emocionales, sus pensamientos negativos, sus obsesiones, miedos e inseguridades, las evade pretextando querer trascender el ego. Pero esta evasión acentúa aún más las heridas pues todo lo que no se reconoce, todo lo que no se sana y se integra, se convierte en la Sombra psicológica que se manifiesta - queramos o no - de múltiples maneras. Por ejemplo con depresión, apatía, ataques de celos, miedos irracionales, furia desmedida, pérdida del sentido de la vida, codependencia, prepotencia, etc.

Y a su vez, cuando una persona pasa toda su vida analizando su aspecto humano, queriendo entender el por qué de cada acción, de cada emoción y pensamiento también se pierde de la apertura, la calma, la aceptación y la libertad que se alcanza cuando se anda el camino espiritual.

Por lo visto como dijo el Buddha, la respuesta está en andar el camino del medio, donde nuestro aspecto Divino y humano se encuentran. Y es que aunque no podemos negar que en nuestra esencia más profunda somos la Divinidad, también es cierto que hoy, aquí y ahora, somos humanos, somos egos enfrentando un sin fin de circunstancias que nos hacen olvidar lo que somos en realidad. 

Personalmente me he dado cuenta que cuando enfrento las circunstancias difíciles de mi vida desde mi conexión con lo Sagrado todo es diferente. No quiere decir que no sufra sino que en medio del sufrimiento recuerdo que esto también pasará. Recuerdo que todo en esta vida termina y que lo que sea que ocurra está pasando para que yo me de cuenta de algo, para que descubra el mensaje oculto, que no tiene que ser algo sumamente profundo sino quizá simplemente soltar el control, dejar de preocuparme por el resultado, y más bien aceptar y confiar que lo que está ocurriendo puede impulsarme a ser una mejor versión de mi misma. 

 Photo by Milada Vigerova

Photo by Milada Vigerova

Siendo totalmente honesta, para mi la única manera de vivir con tranquilidad, de sanar profundamente mis heridas y enfrentar mis problemas es observando y aceptando profundamente lo que soy y lo que me ocurre. Aceptar que soy una mujer con defectos y virtudes, que por momentos puedo ser muy fuerte y por otros lo único que quiero es tirarme en la cama sin salir por días. Una mujer que llora pero que también sabe reír a carcajadas. Una mujer que sabe fluir con la vida aunque haya momentos en que me sienta atrapada. Pero también se que soy un aspecto, una expresión única de lo Divino, que el Universo entero habita en mi interior y me tranquiliza en su abrazo amoroso cuando más lo necesito. Ser consciente de lo que soy en realidad, saberme y sentirme conectada con la Unidad Sagrada me da impulso, fuerza y esperanza. Me hace honrar lo que siento y necesito. No vivo - ni quiero vivir - con un optimismo irracional, en un lugar donde solo haya cosas buenas, mariposa, arco iris y unicornios. Me gusta ser una mujer de carne y hueso, apasionada, que siente todo en lo más profundo de su alma, a la que no le da miedo expresar su vulnerabilidad ni sus miedos. Me gusta mi vida con todos sus matices y sus dificultades pues todo eso es lo que me hace la mujer que soy hoy. Por supuesto que quisiera ahorrarme algunas cosas que me duelen demasiado pero aún en la oscuridad y la desesperación del momento nunca dejo de sentir a Dios junto a mi, guiándome a cada paso. 

Vivir plena y apasionadamente, integrando lo Divino y lo humano, sintiéndonos y sabiéndonos siempre Uno con la Fuente. 

Creo que ese es el camino.