Autocuidado

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Siempre supe que cuidarme a mi misma era importante y que nutrir mi conexión con lo Sagrado era esencial para sentirme bien, pero cuando me convertí en madre esta conexión y autocuidado se volvieron indispensables para mi bienestar. Todo lo que hacía ya no era solo para mi sino que repercutía en el bienestar de mi hija. Todo mi trabajo interior se reflejaba en ella.

La existencia de mi niña me llenaba de alegría y de amor pero también de estrés y de miedo. El cansancio físico era enorme y no sólo por las desveladas y la falta de dormir sino que todo mi ser, mis pensamientos y emociones estaban totalmente comprometidos. Era increíble - y todavía es - que algo tan pequeñito pudiera ocasionar tanto movimiento en mi interior. Recuerdo que las primeras semanas lloré y lloré, amaba a la bebé que estaba en mis brazos pero lloraba por la vida que había tenido, por la mujer que había sido y que en ese momento ya no existía. Y es que cuando somos madres no solo damos a luz a nuestros hijos sino que nos damos a luz a nosotras mismas. Ese día nacen dos nuevas personas que tenemos que aprender a conocer y a amar.

Tenemos que aprender a amar a nuestro cuerpo con esos kilos de más, a ese corazón que explota de amor y de miedo, a esa vida nueva donde ya no hay tanto tiempo para una misma y en la que básicamente perdemos nuestra libertad, y no me refiero solo a la libertad física en la que ya no podemos hacer con nuestro tiempo lo que deseemos, pues los niños crecen y nosotras vamos recuperando poco a poco el tiempo. La libertad de la que hablo es de la libertad emocional pues queramos o no, siempre seremos “esclavas emocionales” de nuestros hijos, pues simplemente no podemos estar bien si ellos no lo están. Ese amor, esa entrega, es uno de los mayores regalos de la maternidad, pero también algo que puede costarnos un poco de trabajo (o mucho!)

Y fue así que a partir de mi maternidad el autocuidado se volvió algo indespensable. Simplemente tenía que cuidarme "bien" mi misma si quería cuidar "bien" a mi hija. Siempre entendí racionalmente que no podemos dar aquello que no tenemos pero no fue hasta ese momento que lo comprendí con cada célula de mi ser.

En mi caso personal el detonador para poner mi autocuidado como prioridad fue el nacimiento de mi hija pero cada quien tiene el suyo propio. Quizá algunas de ustedes tengan mucho estrés o quizá depresión, ansiedad, apatía, ataques de ira o falta de energía. Lo importante es comprender que todos necesitamos cuidar de nosotros mismos. Todos necesitamos nutrirnos de dentro hacia afuera, y no solo me refiero nutrir nuestro cuerpo físico sino cada aspecto de nuestro ser. El autocuidado va mucho más allá de tomar jugos verdes o hacer ejercicio. El verdadero autocuidado es cuidar nuestras emociones, nuestros pensamientos, nuestra relación con nosotras mismas y nuestra relación con lo Divino. Es nutrir cada aspecto de nuestro Ser (cuerpo, mente, emociones, espíritu y SilencioSer).

Tenemos que entender que cuando nutrimos nuestro mundo interior estamos haciendo literalmente una labor social, pues así como el agua de un río nutre toda la vida que toca, así también nuestro trabajo interior nutre a todas las personas con las que nos cruzamos. Si estamos bien daremos sonrisas, tendremos paciencia, tolerancia, seremos auténticas, inspiraremos a los demás y compartiremos todo desde el corazón. Si estamos mal viviremos con prisa, no nos detendremos a disfrutar y a agradecer lo que tenemos sino que estaremos siempre quejándonos de lo que no tenemos, veremos siempre el lado malo de las cosas y nos sentiremos constantemente desconectadas de todo y del Todo.

Tenemos que aprender a darnos a nosotras mismas todo lo que queramos dar a los demás.

¿Pero por dónde empezar? Por el lugar donde surge todo: el centro de nuestro Ser. Nuestra Esencia (o SilencioSer como yo le llamo).

Aunque es verdad que las cosas externas pueden darnos momentos muy alegres, solo podemos encontrar la verdadera felicidad cuando estamos conectadas con nuestra Esencia que es la fuente desde la cual todo surge. Esta fuente está hecha de amor pues no es otra cosa más que la Divinidad dentro de nosotros. Cuando conectamos con esa fuente de amor entonces será nuestra Esencia divina la que nutra nuestras acciones y dirija nuestros pasos.

Buscar el bienestar total fuera de nosotras mismas es como ser una ola que busca el agua en otras olas. Puede pasar toda su vida saltando y saltando, buscando sin encontrar nada pues nunca miró donde tenía que mirar, en su mismo ser. Es ahí donde se encuentra todo. Es ahí donde podemos recargar nuestra energía, donde podemos encontrar la calma en los momentos de más ansiedad y también la chispa de luz en los momentos de mayor oscuridad.

¿Y cómo vamos hacia nuestro centro? Hay tantos caminos como personas en este mundo. Personalmente las dos prácticas que más me gustan y que más utilizo son la meditación y la escritura en mi Diario. Pero hay muchísimas más que podemos utilizar: el mindfulness, el ejercicio físico, la respiración, la alimentación consciente, un baño de tina, aceites esenciales, una buena conversación con una amiga, un proyecto creativo, mantras, mandalas, el tarot, bailar, el yoga, llorar, abrazar...

Lo importante es dedicar tiempo a nuestro autocuidado todos los días. Si podemos darle nuestra atención y nuestro tiempo a nuestros hijos, nuestra pareja y/o nuestro trabajo, ¿por qué no dárnoslo a nosotras mismas?

Busquemos la manera de tener una conexión íntima con nosotras mismas, una relación de calidad con nuestra Esencia, recordando que siempre está ahí sosteniéndonos y envolviéndonos.

Como un día dijo un sabio: la salida está dentro.



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Dedica un tiempo todos los días a tu bienestar.

Próxima sesión: Julio 2018